martes, 17 de noviembre de 2015

PABLO SCHOKLENDER

PABLO SCHOKLENDER

Domingo 31 de mayo de 1981
-Buenos días, ¿hablo con la residencia de la familia Schoklender?
-Sí, buenos días.
-Llamo desde la comisaría 21ª para comunicarle que sus padres han sido víctimas de un accidente, por favor solicitamos su presencia en la seccional.
-…

Viernes 29 de mayo 1981
Necesitaba ir a mi casa. Después de que mis padres me echaron de mi casa a raíz de una discusión con mi madre, tuve que vivir en el hotel Normandie… pero ya no más. Fui a mi casa y aproveché que esa noche mis padres, mi hermano Sergio y mi hermana Valeria habían salido a cenar afuera.
Cuando entré, estuve unas horas a solas, hasta que escuché que alguien entraba.

Sábado 30 de mayo 1981, 3 am
Todo estaba en silencio. Todos debían de estar durmiendo. Salí de mi escondite y llamé a Sergio. Bajamos al living para charlar más tranquilos pero unos minutos después bajó mi madre, ebria como de costumbre, y sin pensarlo descargué mi furia tomando una barra de metal y asestándole un golpe en la sien izquierda. Sergio tomó una soga y la ahorcó.
La matamos.
No podíamos permitirnos dejar cabos sueltos, por lo que hicimos lo mismo con nuestro padre, que estaba durmiendo plácidamente a esas horas de la madrugada. Rápidamente, armamos un bolso que nos serviría como coartada de que estaríamos de viaje. A las 5 am metimos los cuerpos envueltos en sábanas blancas en el baúl del Dogde Polara y salimos del lugar.

Domingo 31 de mayo 1981, 9 am
Acaban de llamarme desde la comisaría, me informaron que mis padres sufrieron un accidente. El plan de incendiar el auto con los cuerpos, que dejamos estacionado en Coronel Díaz, ya no puede ser concretado.
Nos daremos a la fuga, ayudados por cinco mil pesos que Sergio consiguió estafando hace un momento, al jefe de mi padre.
Ya veremos qué nos depara el destino, sólo tenemos que evitar que la policía nos atrape.

5 de junio 1981
La policía me encontró en Ranchillos, provincia de Tucumán, y fraguó mi plan de escapar a caballo a Bolivia. Antes de llegar aquí pasé por Rosario, pero sabía que en cualquier momento me encontrarían.

12 de marzo 1985
Condenaron a mi hermano a prisión perpetua, pero a mí me absolvieron por falta de mérito.

7 de abril 1986
“La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional revocó la absolución de Pablo Guillermo Schoklender y se lo condena a prisión perpetua como coautor penalmente responsable de los delitos de homicidio calificado por el vínculo y alevosía”

14 de mayo 1994
Hace nueve años que me di a la fuga.
Me dirigí a Bolivia con el nombre falso de Walter Sandoval, que luego cambié por Jorge Velásquez. Allí me dediqué a girar cheques hasta que me detuvieron por “giro doloso” y la Interpol descubrió mi verdadera identidad.
Ahora me encuentro en la parte trasera de un patrullero, esposado, de camino a Buenos Aires para cumplir mi sentencia.
No fue mi culpa. Seguramente, no hubiera matado a mis padres si no me hubieran hecho todo lo que me hicieron.  Pero así fue, y no me arrepiento de nada.



lunes, 16 de noviembre de 2015

La vida en un sueño.
 Era un día como cualquier otro sin nada de diferente, o quizás sí y no supe darme cuenta. Paso el cielo azul el naranja y llegamos al negro con hermosos destellos blancos, que en realidad nosotros vemos blancos.
 Hacia frió, el viento soplaba, ya acostada y en un sueño profundo una sensación ardiente rodeaba mi cuerpo, comencé a sentir que sufría un cambio una, transformación que mis manos ya no eran manos, que mi alma ya no era humana.
 Envuelta en ese remolino de formas inexplicables me torne  de color gris y hecha un montón de polvo  me desplegué por los altas luces del amanecer.
 Viví en un sueño hasta que otra vida llego al mundo; al parecer ese fue el fin de mi existencia.

  Pero afirmó nunca olvidare ese bello baile dentro del cual conocí lo que es vivir.
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viernes, 25 de septiembre de 2015

No se como, pero lo sentí.

 Ya me había resignado, tanto, que llegue a pensar que no pertenecía a este mundo, la mayoría del tiempo siento que la gente me mira con desconfianza, como si ellos también supieron que yo no pertenezco al planeta tierra, entonces decido ir a ese lugar donde siempre comprendí, lo que él me ofrecía, muchos lo llaman el Parque Jazmín pero para mi; mi lugar en el mundo.
Cuando me encuentro rodeado de flores me siento como un ser del mas allá, que rondan entre ellos intentando buscar el néctar perfecto.
Una de esas tantas veces que lo visite, me arrope en un sueño profundo en fresco pasto verde. Al despertar era otra, como si de repente me hubiese transformado en lo que siempre quise ser y necesitaba, era mucho mas pequeña y no caminaba, sino que delicados y hermosas alitas habían nacido en mi.
No entiendo como ocurrió ni tampoco quiero saberlo, solo vivir como debí haber vivido siempre. 

                                                                                                  Camila Acuña, Milagros Giorgis.

sábado, 1 de agosto de 2015

Ejercicio de reescritura: "Casa tomada" de J. Cortázar

CASA TOMADA
  Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Fue ese sábado a las ocho de la noche. Yo había ido temprano al centro a comprarle lana a mi hermana, Irene; ella tenía fe en mi gusto. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta a por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Pero ese sábado mi mayor tristeza no fue no haber conseguido mis libros preferidos, sino algo más. Y ese algo lo encontré en el momento en el que entré a mi casa. Ésta era antigua , guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos y principalmente era espaciosa, pues podían vivir ocho personas sin estorbarse.
  Por algún motivo, ese sábado entré por la parte mas retirada de la casa, la que mira hacia Rodríguez Peña. Este sector estaba formado por el comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes.  Consulté mi reloj pulsera, eran las ocho de la noche, y abrí la puerta.
  Irene se encontraba en el comedor, acomodando unas sillas que habían quedado desordenadas de la limpieza matutina. Me dirigí hacia ella para mostrarle las madejas que había conseguido y nuevamente me felicitó por mi buen gusto. No había terminado de decir palabra cuando de repente se oyó un portazo. Seguramente la puerta de roble que separaba la parte delantera de la trasera de la casa se había cerrado por el accionar del viento. Pero no fue así. Inútilmente intenté abrirla, ya que la habían trabado con cerrojo y por desgracia la llave no estaba puesta de nuestro lado.
  Volví al comedor y le dije a Irene:
- La puerta del pasillo fue cerrada con llave y cerrojo. Han tomado la parte delantera.
  Dejó caer las madejas que esa tarde le había comprado y me miró con sus graves ojos cansados.
- ¿Estás seguro?
  Asentí
- Entonces- dijo recogiendo las madejas- tendremos que vivir en este lado.
  Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que añorábamos. La colección de estampillas de papá, por ejemplo. Irene pensó en sus tejidos, que guardaba en el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor. Pero principalmente, porque ya no podríamos hacer uso de la cocina, el baño, el living y nuestras habitaciones.
  Luego nos acostumbramos a vivir en este lado: con ahorros que tenía guardados en la biblioteca comprábamos comida ya preparada, la limpieza se simplificó bastante, Irene tejía gran parte del día con unas agujas nuevas que le compré y yo releía mis libros de literatura francesa.
  De noche, cuando todo estaba en silencio, nos oíamos respirar, toser, presentíamos ademanes e insomnios. De día, eran nuestras charlas en voz muy alta o las canciones de cuna que Irene cantaba, que parecián hacer un muy fuerte eco en la parte delantera de la casa.
  Yo ya me había resignado a que la puerta de roble era infranqueable, pero una noche, a las once, antes de acostarnos, decidí hacer un último intento sin saber con qué me encontraría si esta se abriese. Por sorpresa pude hacerlo sin mayores problemas. Mi explicación mas racional fue que la cerradura y el cerrojo estaban oxidados, dañados por el paso del tiempo. 
  Avancé sin pensarlo hacia la cocina, había platos, vasos y cubiertos sucios. Irene estaba a mi lado mirándome estupefacta. En ese momento escuchamos pasos en el zaguán y el peculiar ruido del abrir y cerrar de la puerta cancel.
  Nos dirigimos inmediatamente a nuestras habitaciones para corroborar si algo faltaba. Nada, todo estaba allí. Los quince mil pesos que estaban en mi armario no habían sido tocados. Extrañamente el álbum filatélico de papá estaba a mano como si alguien lo hubiese estado mirando, y los tejidos de Irene habían sido terminados y uno de ellos se encontraba en el piso del zaguán.
  Nunca supimos que pasó allí, ni queremos saberlo. Pero nuestros vecinos aseguran habernos visto salir de la casa y tirar la llave en la alcantarilla, ese mismo día a las once de la noche.
Milena Forni

NOTA: Se recomienda leer "Casa Tomada" de Julio Cortázar.

viernes, 31 de julio de 2015

El pozo.




El pozo.

   Era una tarde fría, tenía intriga por lo que se veía dentro de él, me puse a mirarlo detenidamente, y me encontré con muchísimo barro y agua. Trate de no preocuparme mucho, me fui a descansar y me propuse volver al otro día.
   Como no podía dormirme, por la gran intriga que me generaba saber que había dentro, me puse a investigar; leí libros, busqué imágenes que pudiera ser parecidas, pero nada me conformaba. Espere que pase la noche, cuando comenzó a salir el sol, vi que algo provocaba en él. Una especie de colores comenzaron a brillar. Me acerqué detenidamente y me encontré con una radiante flor.
   Era llamativa y primaveral. Sus pétalos estaban cubiertos de rocío pero su color seguía intacto, intenso como la luz del día, y su tallo era tan largo que la hacía ver más delicada.
   Sin darme cuenta sus hojas me envol
vieron y me volví parte de ella.

                                                                                                
                                                                                                                       Milagros Giorgis.

Algo complejo.

 Bueno, este es mi humilde y no tan grande homenaje a "algo" tan simple y singular por fuera, pero tan complejo por dentro. Algo que une a todos, o casi todos, en todo momento. Un monumento al fútbol.
 La verdad es que estoy cansado de escuchar comentarios, mayormente femeninos, cuando me amargo por un partido perdido o una falta no cobrada como "es un partido, no mas", ¿sabes qué? no, no es un partido. En realidad sí, pero no. Es eso y más. Son tres puntos, es sentirte feliz por una semana hasta que llegue la próxima fecha, es cargar a tu clásico rival por seis meses por haberle ganado en noventa minutos, todo.
Y también puede ser lo contrario: puede ser amargura y dolor prolongado en mucho tiempo a causa de una simple pierna del equipo contrario que empuja la pelota y tu arquero por mas que de todo, no la alcanza. Entonces... gol para Alemania. Sí, cito a este país porque hoy, a mas de un año de aquella final del Mundial 2014, me duele haber perdido. Me duele haber perdido ese "simple partido" que es para vos y ese día recordado para siempre que es para mí.
 En fin, es algo que sin ser material, te da y te quita mil cosas. Es algo que te hace crecer, conocer gente, cruzar en un colectivo a un desconocido total pero que tiene la gorra de tu equipo, entonces lo miras con otra cara y le decís "grande, capo, vamos a ganar el finde" y te das cuenta que a un desconocido te acabas de dirigir como si fuera un compañero, un amigo de toda la vida. De esa forma digo que une.
 A lo mejor lees esto mil veces y seguís sin comprender, pero si no, fijate un domingo que juegue River contra Boca o Independiente contra Racing, no hay un alma en la calle, están todos paralizados frente a un televisor.
 Para mí, el fútbol es mas complejo que la biología, que todo. Gracias. No sé a qué le agradezco, si no existe. Pero le agradezco a algo, por hacerme sentir tanto. GRACIAS FÚTBOL.

                                                                                     Martin Biotti

Perspectiva forzada: La Cerradura

  Me siento como un guardaespaldas, mi función principal es cuidar y proteger.
  Abro y cierro puertas a lugares oscuros y en otros casos maravillosos.
  Separo mundos, dos mundos totalmente diferentes, en la parte de adentro guardo muchos secretos, secretos familiares, peleas, risas y gritos, por la parte de afuera también veo y escucho muchas cosas, como por ejemplo el cantar de los pájaros, los autos pasar, el chiflido del viento y el revoloteo de las hojas.
  Soy como una pequeña ventanita que por momentos doy luz y por momentos no. 
  Aunque hay veces que me dicen que fallo, yo me siento segura.
  Tengo una gran compañera, es mi parte de adentro, podría decir mi corazón, si ella no estuviera yo no funcionaria.
  Una vez que esta dentro mio ella decide que hacer, si dar o no el paso.
  En fin mi vida es básicamente esto, conmigo uno se siente seguro, y yo estoy segura de que tengo un papel importante.

Anonimo